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DIA DE LA INDUSTRIA. MENSAJE DEL PRESIDENTE JORGE GÖTTERT
El 2 de setiembre conmemoramos el “Día de la Industria”. Y más allá de la simbología que pueda rodear a la fecha, creemos que es justo reivindicar el papel trascendente que le cabe en la historia por su aporte constante al progreso y al desarrollo económico y social de nuestro país.
Desde 2003 Argentina inició un periodo de reindustrialización importante, apenas interrumpido por la crisis internacional en 2009, pero retomado con mayor fuerza en los dos últimos años. Esto, sin duda, constituye un hecho auspicioso, ya que coloca al país en las puertas de poder encarar un proyecto de desarrollo sustentable a más largo plazo.
Argentina, así como todas las demás naciones en vías de desarrollo, puede tener un futuro esperanzador si se sabe aprovechar este contexto internacional. Toda circunstancia de crisis impone nuevos desafíos, también supone amenazas, pero siempre genera nuevas oportunidades.
La ejecución de políticas públicas que apunten a incrementar y mejorar la producción; a concienciar a empresarios y trabajadores sobre la importancia de recrear la cultura del trabajo; a promover una interacción estrecha entre el Estado y la empresa privada; constituyen ejes de sustento para todo proceso de desarrollo económico. No se podría pensar en desarrollo sin empresas, sin producción, sin mayor y mejor empleo.
Medidas macroeconómicas que incentiven la producción; políticas específicas para la tecnificación de las empresas a través de créditos a bajas tasas de interés; respaldo para la incorporación de procesos de I + D y normas de calidad; acompañamiento institucional en la apertura de nuevos mercados; seguridad jurídica en el tiempo; están entre los aspectos fundamentales para alcanzar ese objetivo.
Y si bien nadie discute el rol dinamizador que juega en la economía el aumento del consumo interno, para que ese crecimiento sea sustentable en el tiempo, resulta vital que el país deje de depender casi exclusivamente de la suba de los precios internacionales de los commodities para ir cambiando paulatinamente su matriz de exportación hacia productos industriales que le aporten mayor valor agregado.
En el mundo se mira cada vez con creciente preocupación las consecuencias que está provocando el cambio climático. La imperiosa necesidad de fijar carbono y bajar los índices de contaminación, ha posicionado a la forestoindustria con un valor estratégico, ya que sus beneficios ambientales, en la fijación de CO2, la menor energía que requiere la madera en su procesamiento, y las múltiples posibilidades de reciclado, comprenden desde la plantación hasta el sector de fabricación con mayor valor agregado. A estos argumentos debemos agregar las inmensas posibilidades que brinda la biomasa forestal como fuente de generación de energía alternativa ante el encarecimiento y los problemas ocasionados por las tradicionales.
El Gobierno Nacional ha incluido a la cadena foresto-industrial dentro del “Plan Estratégico Industrial 2020” como uno de los diez sectores estratégicos a desarrollar, teniendo como meta en el conjunto, un alza en la producción cercana al 9% promedio anual, para alcanzar US$ 26.300 millones en diez años. Esta consideración, sin duda, abre nuevas posibilidades para toda la cadena madera-mueble. Sin embargo, para que ello ocurra, requerirá sobre todo, de importantes inversiones en la primera y segunda etapa de transformación, esencial para el resto de la cadena, donde el concepto de incorporación de valor debe tomarse desde un punto de vista integral, para facilitar la obtención de rentabilidad económica y mejoramiento social.
No podemos ignorar que existen en la actualidad diversos instrumentos del Estado de promoción e incentivo para las distintas actividades de esta industria. La Ley 25.080 (Promoción de Bosques Cultivados), la Ley 26.331 de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos), el Programa Nacional de Certificación de Competencias Laborales, programas especiales de la secretaría de Industria. Sin embargo la cadena madera-mueble que nuclea aproximadamente 8.000 empresas que dan trabajo a más de 70.000 personas, son en su inmensa mayoría PyMEs cuya problemática es muy especial y requieren de mayores apoyos y de una legislación especial que las ayude a pegar un salto cualitativo, que les permita ganar en competitividad tanto en el mercado interno como en el exterior.
En esta instancia, no debemos perder de vista los logros de un modelo de crecimiento que ponga el eje en la integración productiva, la generación de valor agregado nacional, el fortalecimiento microeconómico de las cadenas de valor, y el mejoramiento de la cantidad y la calidad del empleo. Aprovechemos los cambios globales haciéndolos positivos para nuestra economía, compartiendo una visión de un país plenamente integrado donde las economías regionales puedan desarrollar todo su potencial.
Este es el gran desafío. Y desde ASORA - Asociación de Fabricantes y Representantes de Máquinas, Equipos y Herramientas para la Industria Maderera, seguiremos trabajando para contribuir a que el país pueda contar con una industria fuerte y pujante que lo coloque en un lugar de privilegio en el mundo.
Cordialmente.
Jorge Göttert
Presidente
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